Entre la arquitectura civil
destaca el puente del siglo XVI, de sillería
con mampuesto, compuesto por un gran arco de medio punto ligeramente
apuntado. Se trata de una obra que sustituyó a otra medieval.
Parroquia
de San Esteban: De origen medieval, fue remodelada
durante el siglo XVI en estilo gótico-renacentista. De
planta de cruz latina, presenta planta de nave única
dividida en dos tramos, crucero con brazos laterales y cabecera
pentagonal. La cubierta de la nave y del crucero se resuelve
en el siglo XVI, mediante terceletes y ligaduras que arrancan
desde los muros laterales. Externamente presenta el aspecto
de un gran bloque horizontal de sillarejo reforzado con sillería
en esquinales; destacan los contrafuertes de la zona de la cabecera
y algún vano de medio punto repartido por el perímetro
de sus muros. Rompiendo la horizontalidad del conjunto aparece
situada una torre en sillarejo del siglo XVI. Presenta la función
de campanario mediante un doble cuerpo en el que se abren pequeños
arcos de medio punto. La portada, ubicada en la zona de la Epístola
y realizada en el siglo XVI es un sencillo arco de medio punto.
El retablo
Mayor data de la primera mitad del siglo XVII y sigue un esquema
manierista. Presenta un solo cuerpo dividido en tres calles
más ático, que se articulan por medio de columnas
de orden compuesto y fuste entorchado. En una hornacina central
aparece una talla de San Esteban de época moderna. Se
encuentran también alojados en otras dependencias parroquiales
los retablos dedicados a la Virgen del Rosario y a Cristo Crucificado.
Ambos datan de finales del siglo XVIII y son de estilo barroco.
Mantienen un solo cuerpo de columnas salomónicas rematado
en la parte superior con un ático curvo. Sobresale la
talla gótica del Crucificado, del siglo XV. Entre otros
elementos de interés, es de reseñar la pila de
agua bendita, románica del siglo XII, con decoración
vegetal. En el capítulo de orfebrería sobresalen
algunas piezas como un cáliz de plata del siglo XVII,
mientras que del siglo XVIII se guardan un copón y una
crismera rococó.
Fernando
GARCÍA NIETO