La
parroquia de San Andrés constituye el edificio
es una construcción realizada entre 1550 y 1598, bajo
parámetros constructivos gótico-renacentistas,
por los maestros Esteban de Urreta y su hijo Lope, quien le
sucedió en 1558. Presenta una estructura de nave única
de triple tramo que se prolongada hasta la cabecera, resuelta
en forma de pentágono. Sobre los tres tramos de la nave
se alzan sendas bóvedas estrelladas con terceletes, mientras
que para la cabecera se dispone una bóveda gallonada
que parte de ménsulas decoradas con motivos vegetales.
En el exterior, una cornisa en forma de moldura recorre toda
la superficie anterior a la cubierta. Sobre un gran arco rebajado
se localiza la portada de ingreso, de medio punto, inscrita
entre dos columnas de orden toscano de fuste estriado. En la
clave, entre tres arquivoltas aparece una roseta de gran tamaño.
Preside
el interior parroquial, el retablo mayor de estilo manierista
realizado en torno a 1600 y atribuido a Pedro de Moreto. Su
traza se estructura en un banco con netos y con tableros pintados,
sobre el que se alza un doble cuerpo de tres calles articuladas
mediante sucesión de columnas de orden compuesto sobre
pedestales, las interiores pareadas. El apostolado del banco
y los episodios de la vida de San Andrés de las calles
son pinturas de estilo lineal popular heredero del siglo XVI,
obra de Pascual Ochoa de Olza y consta estaban terminadas en
1650. La talla de San Andrés es un buen trabajo romanista
de comienzos del siglo XVI, relacionada con el taller estellés
de los Imberto.
El repertorio
retablístico se completa dos piezas del siglo XVIII,
de estilo rococó, dedicadas a Cristo Crucificado y a
Nuestra Señora. El primero de ellos, de factura rococó,
está presidido por una soberbia talla del Crucificado
romanista, de hacia 1622, debida a Juan Imberto.
Completa
el inventario de arquitectura religiosa de la localidad, la
ermita de San Miguel, situada en sus inmediaciones. Se trata
de una sencilla construcción de sillarejo, de nave única
rectangular con cubierta a dos aguas sobre entramado de vigas
de madera. Su interior guarda un retablo de piedra de la primera
mitad del siglo XVII.
Fernando
GARCÍA NIETO