A
la entrada del pueblo se encuentra una cruz de término
del siglo XVI de estilo gótico tardío que se eleva
sobre cuatro gradas en las que apoya su fuste poligonal rematado
por la cruz propiamente dicha. El capitel presenta decoración
vegetal tardo gótica y los brazos de la cruz son con
terminación redondeada y tracería gótica.
La figura de Cristo preside el anverso y la Virgen con el Niño
el reverso, completado con la Virgen, San Juan y dos ángeles
en los candiles. Además, en un campo cercano a la localidad
se encuentra una fuente de estructura gótica con arco
apuntado en el frontis y bóveda de cañón
también apuntada.
Junto
al cementerio se localiza la ermita de San Salvador.
Una inscripción sobre la puerta indica que se levantó
gracias al vecino Juan de Mendía en 1664. Actualmente
no se destina al culto ya que tan solo se conservan los muros
perimetrales de sillarejo y sillar en vanos y esquinas que definen
un espacio rectangular que contó con una cubierta a dos
aguas.
La
parroquia de San Martín puede ser incluida entre
las iglesias del románico rural tardío, al integrar
algunas soluciones protogóticas propias de 1200. Estas
características se ven alteradas en el siglo XVI con
la dotación de capillas y en el XVII con la construcción
de la portada y obras en la torre realizadas en 1625 por Miguel
de Altuna y Martín de Elduayen. El templo presenta una
nave de cinco tramos desiguales y cabecera semicircular. El
coro se levanta a los pies sobre un arco escarzano. Una sacristía
de planta irregular se comunica con el ábside por el
lado de la Epístola.
En el exterior el aspecto de la parroquia carece
de unidad constructiva debido a las sucesivas remodelaciones
sufridas. En parte, muchas de estas obras quedan a la vista,
como algunos muros medievales de sillar menudo reforzados por
contrafuertes, sobre los que corre una serie de canes lisos,
además de los restos de una ventana románica con
arquivolta y guardapolvo. La portada, del siglo XVII, es un
arco de medio punto con puntas de diamante, flanqueado por pilastras
estriadas sobre podium y friso dórico rematado por frontón
triangular con bolas en las esquinas, todo con una estética
muy purista.
El ajuar de la parroquia está compuesto
por tres retablos, una colección no muy extensa de piezas
de orfebrería y una pila bautismal. Esta última
se encuentra en el sotocoro y cabe fecharla entre los siglos
XVI y XVII. Consta de pie troncocónico moldurado donde
descansa una taza semiesférica con gallones en la zona
inferior.
El
retablo mayor está dedicado al titular de la parroquia,
San Martín y fue realizado al mismo tiempo y por los
mismos maestros que el de Santa Catalina, situado en la capilla
del lado del Evangelio. De traza ochavada, este retablo se adapta
así al semicírculo de la cabecera. Consta de banco
decorado con follaje, dos cuerpos de tres calles y dos entrecalles,
una con hornacinas y otra arquitrabadas y ático de cascarón.
Su programa iconográfico está compuesto por esculturas
de bulto redondo y lienzos pintados. Obras del escultor Juan
de San Miguel, en 1703, son los bultos algo toscos de San Antón,
San Juan Bautista, San Juan el Evangelista y Santa Bárbara
que ocupan las entrecalles y que se relacionan con el grupo
del titular.
El retablo de Santa Catalina presenta una traza
deudora del manierismo pero con decoración naturalista
que apunta ya hacia el barroco. En el banco se representan los
relieves de San Pedro y San Pablo que centran a Santa Catalina
confundiendo a los filósofos. La hornacina cobija una
monumental escultura de la titular. En esta misma capilla se
conserva un Crucificado del siglo XVII.
El último de los retablos se sitúa
en el lado de la Epístola y es el dedicado a la Virgen,
realizado hacia 1560, con traza plateresca y que consta de un
pequeño pedestal y dos cuerpos de tres calles separadas
por balaustres, en las que se distribuyen tablas pintadas con
enmarque recto salvo la escultura del titular, introducida en
una hornacina. El retablo ha sido despojado de la mazonería
y la tabla de remate que se conservan en una casa; muestra la
técnica de un pintor no de primer orden que plasma figuras
con rostros de expresión melancólica y canon alargado.
Por último entre la colección
de orfebrería conservadas merece destacar un cáliz
de plata liso del siglo XVII que presenta una traza purista
evolucionada. Otro cáliz este ya dentro del pleno barroco
del siglo XVIII, sin decorar presenta en el reverso de la base
la doble P coronada de Pamplona. Esquema muy parecido sigue
un copón de plata con la misma marca y la del platero
LA/RUNVE. La pieza más antigua de la colección
es una píxide de plata del siglo XVI, una cajita cilíndrica
lisa con marca de autor irreconocible en la base.
Carmina RIUS SALETA